Ingredientes:
1 tarrina de queso de untar (1/4 kilo)
7 huevos
2 tazas de leche (1/2 litro)
1 vaso grande de nata líquida
8 cucharadas de azúcar.
Mezclar todo bien, verter en molde caramelizado y cocer al baño María
martes, 3 de febrero de 2009
Pastel de bonito "Rosita"
Se pela y desmenuza el bonito, añadiendo dos cucharadas de harina, dos de pan rallado, dos huevos enteros, cebolla picada fina, pochada con aceite y escurrida, perejil, aceitunas picadas, panceta o jamón, tocino y sal. Se mezcla y amasa todo bien y se coloca en un molde enmantecado, llevando a horno unos 40 minutos a 180º.
Se desmolda frío y se sirve en lonchas, acompañado de mayonesa o tal cual.
Rollitos:
Con la misma mezcla se hacen rollitos que, rebozados en harina y huevo se ponen a cocer suavemente unos diez o quince minutos en salsa de tomate.
Se desmolda frío y se sirve en lonchas, acompañado de mayonesa o tal cual.
Rollitos:
Con la misma mezcla se hacen rollitos que, rebozados en harina y huevo se ponen a cocer suavemente unos diez o quince minutos en salsa de tomate.
Bizcocho de yogur
Ingredientes:
4 huevos, 1 yogur, 1 aceite (medida por el envase del yogur), 2 de azúcar y 3 de harina, medidas igualmente por el envase, raspadura de limón y un sobre de levadurina.
Batir los huevos, añadir el resto de ingredientes y mezclar bien. Poner en molde forrado con papel de hornear. Como variante, puede cubrirse el fondo del molde con láminas de manzana o pera y, en la superficie, otra capa de frutas. A la mezcla también se pueden añadir pasas y nueces.
Llevar a horno a 180º una media hora. Se sabe que está hecho cuando, introduciendo un cuchillo, éste sale seco.
4 huevos, 1 yogur, 1 aceite (medida por el envase del yogur), 2 de azúcar y 3 de harina, medidas igualmente por el envase, raspadura de limón y un sobre de levadurina.
Batir los huevos, añadir el resto de ingredientes y mezclar bien. Poner en molde forrado con papel de hornear. Como variante, puede cubrirse el fondo del molde con láminas de manzana o pera y, en la superficie, otra capa de frutas. A la mezcla también se pueden añadir pasas y nueces.
Llevar a horno a 180º una media hora. Se sabe que está hecho cuando, introduciendo un cuchillo, éste sale seco.
Tarta de nata
Ingredientes:
1/2 litro de leche
1/2 litro de nata líquida
2 sobres de cuajada
1/4 kilo de azúcar y tres cucharadas para caramelizar
Elaboración:
Se caramelizan las tres cucharadas de azúcar con una de agua y se extiende por un molde.
De la leche se aparta un vaso y el resto, con el azúcar, se pone a cocer. Una vez que de el hervor se le añade la leche del vaso , en la que previamente se habrán disuelto los dos sobres de cuajada. Cuando de un hervor, se aparta un momento. Se vuelve a poner al fuego, incorporando la nata líquida, mezclando todo bien. Una vez que vuelva al punto de cocción, se vierte en el molde caramelizado. Se deja enfriar y se lleva al frigorifico hasta que cuaje. A la hora de servir se vuelca en una fuente.
También se le puede poner una base de bizcochos de soletilla que se colocan sobre el caramelo y, al volcar la tarta en el recipiente de servir, quedan en la base.
1/2 litro de leche
1/2 litro de nata líquida
2 sobres de cuajada
1/4 kilo de azúcar y tres cucharadas para caramelizar
Elaboración:
Se caramelizan las tres cucharadas de azúcar con una de agua y se extiende por un molde.
De la leche se aparta un vaso y el resto, con el azúcar, se pone a cocer. Una vez que de el hervor se le añade la leche del vaso , en la que previamente se habrán disuelto los dos sobres de cuajada. Cuando de un hervor, se aparta un momento. Se vuelve a poner al fuego, incorporando la nata líquida, mezclando todo bien. Una vez que vuelva al punto de cocción, se vierte en el molde caramelizado. Se deja enfriar y se lleva al frigorifico hasta que cuaje. A la hora de servir se vuelca en una fuente.
También se le puede poner una base de bizcochos de soletilla que se colocan sobre el caramelo y, al volcar la tarta en el recipiente de servir, quedan en la base.
miércoles, 28 de enero de 2009
Derechos Humanos
Acaban de cumplirse sesenta años de la proclamación de los Derechos Humanos. ¿Los derechos humanos de quién?. ¿De la humanidad en su conjunto?. ¿De algunos privilegiados individuos?. Mas bien esto último.
En algunos países de Latinoamérica, como Cuba, Venezuela o Bolivia si tratan de llevar a efecto los derechos humanos, alfabetizando a la población y dotandola de servicios, como la sanidad, la alimentación y la igualdad.
De todo esto no nos enteramos en Europa, en España, donde los medios de comunicación se encargan, cada día, de demonizar a estos países.
Nosotros, el primer mundo, no tenemos guerras. Si apoyamos, ayudamos, fabricamos y vendemos armas para invadir territorios, en aras del humanitarismo. Y allí mueren nuestros soldados. Qué hipocresía.
Cuba, enero 2009
En algunos países de Latinoamérica, como Cuba, Venezuela o Bolivia si tratan de llevar a efecto los derechos humanos, alfabetizando a la población y dotandola de servicios, como la sanidad, la alimentación y la igualdad.
De todo esto no nos enteramos en Europa, en España, donde los medios de comunicación se encargan, cada día, de demonizar a estos países.
Nosotros, el primer mundo, no tenemos guerras. Si apoyamos, ayudamos, fabricamos y vendemos armas para invadir territorios, en aras del humanitarismo. Y allí mueren nuestros soldados. Qué hipocresía.
Cuba, enero 2009
viernes, 5 de diciembre de 2008
EL GUAJE
Hacía frío. La helada conservaba la nieve caída pocos días antes. César, el guaje de la mina El Xagarín, camina por la carretera, pisando en los surcos abiertos por las “rodás” del coche de línea y del camión de Argentino, casi los únicos vehículos que circulaban en aquella época, a finales de los cuarenta. Ya había sonado el “turullu” de Fábrica Mieres, ese pitido prolongado que señala la hora de comer para los mineros y el momento en que el guaje emprende el camino a Bárzana en busca de la comida, caliente y recién cocinada, para el vigilante y el capataz.
Va contento, pese a la dificultad de caminar con madreñas sobre la nieve helada. Al día siguiente es Santa Bárbara, patrona de los mineros. No se trabaja y vendría “la Señora” que, como cada año, les daría el aguinaldo. Con éste y lo que tenía ahorrado pensaba comprar un pantalón, un jersey y unos zapatos para estrenar en la feria de San José.
En la casa las cosas iban algo mejor desde que su padre había salido de la cárcel. Diez años de condena. Diez años encerrado por rojo. Diez años de su vida, apartado de los suyos por luchar en el bando republicano, el de los perdedores. César no sabía mucho de aquella contienda. En casa ni se mencionaba el tema. La madre, triste y silenciosa, deambulaba, la mirada perdida, ajena a lo cotidiano.
César iba con su padre, pocos días después del regreso de éste, caminando por una caleya, cuando se toparon de frente con un vecino.
- Hombre, ya estás aquí. Me alegro. No puedo darte la mano, la tengo mojada.
Era evidente que no quería estrechar la mano de un rojo, de una persona marcada por la cárcel. César nunca pudo olvidar aquel momento. Su padre era un hombre bueno.
“La Señora”, doña Orosia, era la dueña de las minas El Xagarín. También le llamaban “La Morata” por el apellido de su marido, ginecólogo en la capital. El día de Santa Bárbara, se sentaba, oronda, enjoyada y embutida en astracán, detrás de una mesa colocada bajo la galería de la vivienda del vigilante y allí, los mineros en fila, se acercan a ella, de uno en uno, con la boina estrujada en la mano izquierda. La derecha, extendida para saludar a “La Señora” que calza guantes de cabritilla y va entregando, a cada uno de ellos, cinco duros y un farias.
Mediaba febrero. El guaje acaba de colocar, en el chabolo, las lámparas de carburo. Prepara la cebada para dar de comer a los mulos. De repente, un revuelo, gritos, carreras. ¡Un derrabe!. ¡Y hay dos dentro!.
César corre hasta la bocamina. ¡Pá, pá!. ¡Mi pá ta dentro!. ¡Dejaime entrar!. La angustia oprime su pecho. Lágrimas de temor llenan sus ojos.
Lo sujetan y tratan de calmarlo. Varias horas después sacan a los dos mineros muertos.
César, el guaje de la mina, con sus quince años recién cumplidos, quedó, otra vez, como cabeza de familia. Su madre y dos hermanos pequeños dependían ahora de lo poco que él ganaba.
Estrenó, para el entierro de su padre, aquella ropa que, con tanta ilusión, guardaba para el día de San José.
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